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02 junio 2008

Voces

La diligencia / Josep Cusachs i Cusachs


Entre brumas del persistente dolor de cabeza instalado (empiezo a pensar que es de fumar a lo bestia) escucho en la radio cosas inconexas, moviendo el dial hasta que suena una voz de hombre, grave, algo tosca, de viejo rústico hablando de algo que sabe hacer bien, con sencillez.
No oigo lo que dice, me dejo mecer por esos armónicos, ese tono pastoso y muelle hasta que me adormezco.
Cuando despierto me sorprendo soñando con un viejo que vivía en mi pueblo. Asociación de timbres, supongo.

Ir de Arcachon a Palencia, cosa que casi todos los años hacía mi familia, y de la que yo intentaba escaquearme con enfermedades imaginarias, suponía tener que hacer tres o cuatro noches en el camino.
Ir de Bilbao a Cabezón de la Sal suponía sólo una parada, generalmente en Laredo, para comer, y varias horas de viaje por unas carreteras además de complicadas peligrosas.

Esas vidas de trashumancia a las que los hijos del coche nos acostumbramos, nos han hecho creer que el viajar es una cosa común, normal e incluso necesaria para todo el mundo.
En los tiempos en que yo era metida a la fuerza entre maletas, bultos, cesta del gato y peleaba con el perro por el sitio junto a la ventana, un viaje significaba para muchas familias el caos más absoluto. Y para la mayoría algo impensable.

El otro día me contaba un coralista que su madre nunca había salido más de 60Km de su pueblo. Sólo para ir a Santander al médico.

A mi me hubiera gustado eso. No salir nunca, vivir siempre en la misma casa, con los mismos ruidos, el mismo crujido en el escalón, el mismo relente en el pasillo, los olores de siempre.
Pero para eso había que tener mucho valor.
Veo las gentes que han conseguido sobrevivir en su pueblo, con sus amigos y vecinos de siempre y los envidio, y los temo.
Deben de ser excepcionales, fuertes hasta la coraza de hierro.
Poder superar la infancia, los motes, las crueldades, los chismes, la maledicencia, las quita honras, los despechados, sobrevivir, mantenerse, formar una familia y poder seguir allí, incrustados en el paisaje con figuras es toda una epopeya.

Creo que la mayoría de las gentes que viajan incansables tras el país sin sombra son pobres apátridas, niños asustados, rapaces tozudos a la busca de la realización del otro yo. De un yo cualquiera al que aferrarse.

Ya casi he conseguido mi sueño. Tras haber tenido que ser, por obligación, zíngara.
Sólo quiero moverme como mucho esos cincuenta kilómetros que me separan del trabajo.
Ni un viaje más.
Fiestas, cenas y meriendas, en casa.
Sin exagerar. Adaptando el ritmo al metabolismo.

El resto... Internet, compras, movimientos de cuentas, relaciones...
Teléfono escasas veces, y para ver humanos en movimiento con o sin guión: Satélite Digital.

Hablando de chismes...parece ser que Movistar saca el iPhone.
Me pido uno.

Que me lo manden por correo...

14 noviembre 2007

Estancos

Castilla / Joaquín Vaquero Palacios

El otro día fui buscando unos filtros para la boquilla por varios estancos.
Es muy peculiar el mundo estanquero.
El más cercano está regentado por una viuda con un tipo de mala leche resplandeciente. Todo en ella destila ira y su hijo, que a la sazón es medio tonto, tiene la misma furia en memo, con lo que añade un componente tosco al asunto que resulta más desagradable si cabe.
Ahí hace tiempo que no voy.
El otro estanquero, el de la plaza, es un señor muy agradable y algo lila, su hermana es la que más suele estar atendiendo. Padece mucho de lumbalgias, así que cuando le piden papeles de certificado y se tiene que agachar, resopla y gime.
No sé cómo no pone las cosas por las encimeras y baldas, la verdad es que las tiene infrautilizadas, llenas de chirimbolos indescriptibles, de esos de souvenirs.
El caso es que no tenían los filtros, así que me fui por Leioa a buscar otro estanco.
Acabé en Lamiaco.

Allí, junto a la parada del metro encontré mi estanco para los restos.
Lo lleva una moza rubia teñida, alta, tetona y sonriente.
Su madre suele estar sentada en una especie de trastienda en la que además de la imprescindible mesa camilla hay un televisor pequeño, una radio y una cafetera, lo que se ve sin asomarse mucho, intuyo que habrá más comodidades fuera de la vista.
Resultó que no sólo tenía las cajurrias de filtros, sino que además me regaló una que estaba algo estropeada (el cartoncillo) y me prometió traer nuevas remesas.
Mientras me ponía los filtros y el tabaco en una bolsa me comentó que la cosa de las boquillas era siempre pasajera. Al final, decía, todos acaban fumando el pitillo directamente.
Y una voz por el fondo algo aguardentosa sentenció "es lo mismo que pasa con los condones".
Ante la salida de la madre la moza me miró un poco mosca, pero se tranquilizó mucho cuando escuchó mi carcajada.
Sí, le dije, es algo parecido, nunca lo había visto desde ese ángulo.
Son magníficas las dos. Esto de fumar está siendo muy agradable.

Viajo por Castilla con un tiempo excelente, luz de otoño, frío, algo nublado.
No pongo la radio. Escucho el suave run run del motor tras su puesta a punto.
Las ruedas nuevas infladas con nitrógeno vuelan y amortiguan el ruido de la carretera. Pensaba que era una pijada hacerlo, resulta que merece la pena.
Placer total el fumar tranquilamente mientras conduzco.
Todos los ceniceros de los coches están hechos para llenar de ceniza la palanca de cambio y alrededores.
Con una cinta de doble adhesivo he pegado un cenicero estupendo (con guías que aprisionan el pitillo y lo inmovilizan) encima del salpicadero, justo delante del volante.
Sacudo el pitillo, lo puedo posar, ni una ceniza fuera.

Un viaje perfecto.

13 septiembre 2007

Rabas 2

Desde el móvil, probando prestaciones. Rabas y mar. Día agotador. Panzada enorme.

10 septiembre 2007

Rabas



Todos los años quedamos en La Rabia (esa casita que está junto al puente) a comer unas rabas con amigos varios.
Este verano por unas cosas u otras, trabajo sobre todo, no lo hemos hecho.

Así que se me ha ocurrido quedar hoy, primer día de cole, de curro, de normalidad y largarnos todo el día a ponernos ciegos de rabas y de paso celebrar el cumple de A. que pasó sin pena ni gloria.
Curiosamente todas han podido.

A la vuelta será conveniente introducirnos unos buenos tazones de chocolate en Santillana, así que cuando me reponga...nos vemos.

28 mayo 2007

Paisaje con figuras...

Vista del abra de Bilbao desde Algorta / Juan Barroeta


La semana pasada murió mi prima A.
Fue una de esas muertes envidiables de las que sólo se enteran los que se quedan.
Bien por ella.
Fui al funeral y seguido salí disparada al ensayo del coro. Casi sin tiempo para pensar en nada, salvo en el cambio de partituras.
Ensayos toda la semana, concierto el sábado...
No he podido hablar con sus hijos, mis primos, ni con nadie. Supongo que quedaré con ellos en algún momento, tal vez la boda del pequeño, no lo sé, el caso es que me he ido distanciando de los últimos lazos que me ataban a mi no familia y me resulta muy difícil establecer un vinculo o un lugar común cómodo desde el que comentar vidas y sucesos.

Todo lo contrario de lo que me pasa con la tierra.
Este último viaje ha sido definitivo. Me duele la distancia, me duelen las pituitarias, me duelen los ojos... los oídos.
He heredado de la rama femenina de la familia la facultad del lagrimeo fácil.
Ya puedo llorar hasta con los anuncios de Coca-Cola.
El otro día, dormida y agotada, mi cabeza rebotó contra la ventanilla del avión cuando empezó a descender. Abrí los ojos dolorida y ahí estaba. El verde, los verdes, la furia del verde, de la clorofila hasta ser casi negro.
Las nubes, el viento, el agua brillando, las piedras de Orduña, los valles, el Nervión bajando, los bosques de pinos enormes, los hayales...
Me dio vergüenza que me vieran llorar de emoción al verlo.

Hace un rato he ido a asegurar el ventanal del balcón, hace un viento frío furioso que golpea contra todo y ha bajado la temperatura catorce grados de golpe.
A rachas llueve y hasta ha saltado la calefacción.
Ajusto las ventanas y voy a buscar unos calcetines gordos para sacar a los perros.
Escucho las noticias y las tertulias locales y de nuevo me emociono como mirando los montes.
Amo esta tierra, a estas gentes.
Y a veces, como hoy, me enorgullezco de formar parte de ello.

15 mayo 2007

Relapsa


Julio Quesada Guilabert


La actitud vacuna de caer en la misma piedra siempre me ha parecido recalcitrante, pero hay que asumir que de vacuna pelleja estamos hechos.
Algunos mochan con obstinación, rumbosamente se lanzan una y otra vez sin saber nadar desde el trampolin y caen, siempre, de panza.
Esa materia de carácter relapso es algo a meditar.
Porque el relapso no es que tropieza, es que lo hace a conciencia, con empeño, empecinados en ello, hasta rumbosamente.
Me impactan las actitudes relapsas del que afirma, ignorante, a la mayor.
O los relapsos antropológicos, que incapaces de analizar su propia existencia son capaces de, una y otra vez, cortar trajes a medida de cualquiera que se cruza en su camino.
O los relapsos de las ciencias, (matemáticas, económicas, estadísticas) que blandiendo artículos (ahora de fe) encontrados en Google pronostican el fin de la economía, de la cultura, o del planeta.

Terraza de Casa Dalmau / Santiago Rusiñol Prats

Relapsa vital, me empeño en respirar y pese a las alergias lo consigo no sé cuantas veces por minuto.
Es curioso lo distintas que son las costumbres y las vidas. Estando ahora en Alicante me asombra a cada momento (ahora mientras escribo) el bullicio de vidas que entra por las ventanas.
Los balcones abiertos, las terrazas...
Recuerdo haber escuchado desde el balcón de mi casa en Algorta una especie de fiesta en la terraza de la casa de enfrente. Por cosa rara estuve un rato mirando las sombras que se reflejaban entre los tiestos y paredes. Se oía la música que buscaba salida, suavemente, entre voces y tintineos de platos y vasos.
Aquí todo es distinto, una especie de jolgorio motivado por la fresca nocturna contagia la vecindad. Y suenan radios, teles, el disco del verano de siempre, rumbas, rap...

Relapsa respiro entre mocos de alergia, y miro asombrada por la raya horizontal mínima que dejo entre las pestañas esa luz imposible que sale del suelo, de las paredes y del cielo, como una especie de explosión de bomba de neutrones.

05 mayo 2007

Meridiano

Vínculo

Salgo dentro de un rato en la dirección opuesta, esta vez.
Deja Jesús una imagen bellísima de cómo estaban los campos el otro día.
No conocía la belleza de los Monegros verdes, llenos de flores.
Una tierra agradecida a una lluvia que no dejó de caer en todo el viaje.

Ahora está tronando de forma peliculera, granizando y lloviendo a la vez.
Será, como siempre, un viaje estupendo.

03 diciembre 2006

Viajar

The Black Flag/Magritte



Al principio no recuerdo que nada me inquietara, reservaba el billete, iba, facturaba, me sentaba y hasta me dormía si ya conocía los paisajes desde tan alto, o si las nubes tapaban cualquier vista.
Poco a poco fue haciéndose más y más desagradable todo. Tener que volar casi todas las semanas tuvo la culpa. Aterrizajes bruscos, ruidos sospechosos, una despresurización, muchos retrasos y desesperación en incómodas salas de espera hicieron el resto.

En tierra ocurrió algo similar; no me importaba ir en coches de línea desvencijados, ni de paquete en motos de jinetes enloquecidos, o de copiloto en coches manejados por locos, despistados, idiotas o borrachos. Me sentaba y desconectaba el pulso del miedo o del terror. Algo ingenuo o temerario tapaba cualquier caución y hacía de mi un transporte sin remite.

In the Car/Roy Lichtenstein


Las cosas han cambiado radicalmente.
El miedo ya no es irracional, es decir, puedo volar e incluso dormitar hasta la llegada, antes, durante y después...pero prefiero no hacerlo.
Puedo ir en coches de locos, despistados o idiotas, pero lo evito, llevo el mío con cualquier excusa, y desde luego con borrachos ni cruzo la calle.
No habría mucho que perder si el final del estropicio fuera la muerte, pero si la alternativa es el dolor, la enfermedad o la invalidez, ya no apuesto en esa rifa.

En 1705 Bach pidió cuatro semanas para poder ir a Lübeck (necesitaba cuatro semanas, dos de ida, dos de vuelta, para ello.). Quería escuchar a Buxtehude...luego se quedaría un tiempo que le sería reprochado, pero esa es otra historia.

Me puedo imaginar la odisea de aquel viaje, 400 kilómetros a pié (ida y vuelta más de 800 en total), de Arnstad al Lubeck.

Tablatura alemana (Cantata de Bach)


Igual escuchó algo como lo que pego debajo. No lo sabemos, en realidad Buxtehude apenas dejó escrita ninguna partitura, improvisaba y anotaba en tablatura alemana, así que la mayoría de su legado es lo que sus alumnos copiaban para estudio.


Sin avión, sin coche, sin pasar frío en moto o caminando, podemos escuchar a Buxtehude con sólo darle a la flecha.



Dieterich Buxtehude/Preludio en g menor/Gustav Leonhardt

30 octubre 2006

Vela

Una de las cosas que no se pueden olvidar nunca cuando se conocen es el sonido del aire navegando a vela.


A bordo de un velero/Caspar David Friedrich


Las novelas de aventuras, de veleros, de marineros, piratas o pescadores de ballenas, se han clavado para siempre en las memorias de los aventureros corazones infantiles. No hay infancia ni sueños sin Melville, y no hay imagen marinera sin pesqueros o veleros. Es como si la aventura marina se hubiera paralizado en un momento en que el reto requería el esfuerzo del hombre en una especie de lucha cuerpo a cuerpo que nos parece más noble que la de la ciencia o las máquinas, y que engrandece la figura humana tanto como la minimiza ante la furia del mar.

Hoy me he puesto a releer "El enigma de las Arenas", y me he venido corriendo a sugerir su lectura.




Es una novela de espionaje, de hecho su autor Robert Erskine Childers estuvo trabajando para el Servicio de Inteligencia Inglés entre otros trabajos y avatares, como ser voluntario en la guerra de los boers, y acabar fusilado por independentista Irlandés.
No escribió más novelas, pero sólo por esta merece estar entre los mejores escritores náuticos, y entre los mejores de novelas de aventuras y de espionaje.

Recomiendo encarecidamente su lectura.
ROBERT ERSKINE CHILDERS
El enigma de las arenas
Editorial Edhasa
432 páginas-22 euros

23 octubre 2006

Unai Basurko





El día fue inolvidable, una de esas jornadas que los padres contarán a sus hijos, como un hito imborrable. Bajo un viento muy racheado y tras la ceremonia de despedida realizada en tierra, los seis patrones fueron llegando a sus barcos. El espectacular 'Hugo Boss' de Thomson ganó la batalla de la imagen con su traje de diseño, sus gafas de aviador, su banda sonora de los Rollings, las cuatro 'modelos-sirena' que le despidieron junto a Capitanía y las velas negras. La batalla sentimental se la cobró sir Robin Knox-Johnston, solo, en la banda de barlovento de su velero con aparejo Parlier (dos botavaras laterales a pie de palo que sustentan el mástil), aparejando el velero contra el mundo y las convenciones de la edad. La batalla de la navegación la conquistó el suizo Bernard Stamm con unas orzadas increíbles, tratando de ganar barlovento con rumbo a Castro Urdiales, y la de las prestaciones Mike Golding, a bordo del 'Ecover', preciso, metódico, disciplinado.

Vencedor afectivo

Pero en la gran escaramuza del afecto, Unai Basurko salió más que victorioso. Su paso frente al 'Saltillo' fue acogido con una salva de aplausos, sirenas de niebla, bocinas y gritos de ánimo que habrá impregnado para siempre la memoria del patrón vasco. Es difícil concitar tantas y tantas simpatías y parabienes como los que Unai recibió ayer de los miles de aficionados a la mar que fueron a despedirle.

Lo cierto es que las demandas de los patrones (deseosos de alejarse cuanto antes de la costa para enfrentarse al tren de borrascas que convierte estos días Finisterre en un laberinto de tormentas) obligaron a cambiar el plan previsto. Los veleros no realizaron el bordo previsto hacia Plentzia sino que, tras tomar la salida, ganaron una boya junto al cajón del Superpuerto y, acto seguido, pusieron rumbo hacia el Oeste. Esta decisión provocó el desconcierto entre los seguidores de la regata.

Aún así decenas de embarcaciones acompañaron a los seis veleros en sus primeras millas. El mar hervía entre las estelas de los barcos, la marejada del Noroeste y las rachas del cálido viento. La línea de salida fue cruzada en primer lugar por el rápido Thomson, seguido del 'Ecover'. Stamm, con su 'Cheminées Puojoulat', que prefirió salir más abierto, hacia el mar, pasó en tercera posición. Por detrás se situaron el 'Spirit de Yukoh', del japonés Kojiro Shiraishi, el 'Pakea', de Unai Basurko, y el 'Saga Indurance' de sir Robin. Estos tres veleros navegaban con dos rizos en la vela mayor. Sin embargo, los tres primeros decidieron desplegar toda la vela pese a la 'castaña' del Sudoeste que sopló en este primer tramo de la regata.

Fuera, la previsión presenta mares arboladas y fuertes vientos, un horizonte que no se modificará hasta después de su paso por el Cabo Ortegal, previsto para las próximas 24 horas.

Al fondo, al menos siete semanas de viaje para conectar Bilbao con la australiana localidad de Fremantle. Bilbao ya está en el mapa de la vela mundial. «Competir en esta regata es un sueño hecho realidad a base de mucho esfuerzo, de mojarme mucho (literalmente, en el agua) y del empeño de mis familiares, de mis amigos y de la BBK. Me toca continuar la historia ¿no? El primer hombre que dió la vuelta al mundo fue Elcano y ahora hay otro vasco que va a ir a hacerlo», dijo Basurko antes de zarpar.

A estas horas, Unai habrá pasado su primera noche solo en una costa que conoce como la palma de su mano. Quedan menos 12.000 millas para un hombre que nunca navegará solo. ¿A que no?

JULIÁN MÉNDEZ cuenta todo esto en El Correo.
Merece la pena leerlo, por lo bonito. Fué, efectivamente, un día inolvidable para este pueblo marinero en el que vivo.

Yo le deseo a Unai buena proa...y mejor singladura.

18 septiembre 2006

Paseuco



Una vez jugando a la rana me di cuenta de que aquel que yo había querido no me gustaba como persona.
Cuando acabó de sacar las pesadas fichas de los cajonucos, recogió el pitillo que había dejado en equilibrio sobre el borde de la mesa, pagó una copa varias veces rellenada de coñac y vino a darme un beso de despedida mientras se ponía la cazadora de cuero para irse en la moto.
Mientras me metía los pantalones en los calcetines y tiraba de la dinamo de la bici para poner la luz, ya tenía la decisión tomada.
Trajo terribles y peliculeras consecuencias, pero eso es otra historia.
La rana de Carrejo estaba sin cebadores. Afortunadamente no jugaba nadie, y se podía estar allí sentados tan tranquilos sin los porrazos del plomo contra el hierro.






Estuvo subiendo la marea todo el tiempo que estuvimos allí.
Cuando nos fuimos ya flotaban los patos y los cisnes que antes chapoteaban en el barro, o sesteaban en las zonas más altas de una especie de isla que sale a la mitad de la ría.
Ir por todos esos lugares es algo que me produce una especie de doble visión.
Miro, veo todo lo que hay, casas, calles, parques, y veo lo que veía cuando me llevaban de niña.
Veo mi recuerdo, no necesito cerrar los ojos para ello. Aparto todo lo que me estorba. Fácil.





Dos camareros negros atienden la chocolatería, parada obligada, de Santillana.
Uno es más dispuesto, el otro mira a cada nuevo cliente como un incordio.
El sitio es inmejorable, porque el chocolate es magnífico, los picatostes de verso, y además está situado en esta calle con tan adecuado nombre.

24 mayo 2006

Arco

Llevábamos mucho rato caminando de vuelta al hotel, en Mexico DF, con algo de prisa.
Una calle antes de llegar dijo que no podía más y se fué a orinar en la misma esquina del edificio.
Desde el ángulo, suficientemente discreto como para preservar cierta intimidad, en que yo estaba podía ver un arco dorado que se estrellaba contra la pared con una potencia vacuna.
Mientras mirábamos asombrados aquel poderío parabólico apareció de la nada un policía que a gritos amenazaba con detenciones y multas.
Sin volver la cabeza metió la mano izquierda en el bolsillo y sacó un billete entre dos dedos por encima de su hombro.
Billete y policía desaparecieron como por arte de magia.

Mientras esto sucedía, sin dejar de mirar aquel arco, comprobé que ni su potencia ni su parábola se alteraron lo más mínimo.

Fondo

Detrás del Iberia Sol de Las Palmas había un colegio de niños.
Según que habitación te tocara había mañanas, salvo que lloviera o hubiera calima, que era imposible dormir.
Un día en la televisión le hicieron una entrevista a un hombre que acusaba a otros de algo. El asunto es que estaba tapada su cara y no decían dónde estaba hecha.
Reconocí el sonido de fondo inmediatamente.
Sorprendida, cuando comprobé que había acertado, pensé que había sido una casualidad, que todos esos gritos son similares en todas partes.
Ayer reconocí, sin volver la vista, el sitio desde el que estaban comentando una exposición, y hace más de diez años que no voy a ese sitio de Holanda.

La semana pasada durmiendo en otra ciudad, me desperté en sueños con la absoluta seguridad de los pasos a dar para ir al baño.

Anoche las sirenas de dos coches se pusieron a aullar hacia las cuatro de la mañana. En el colmo del cansancio me puse unos tapones y me dormí.
Esta mañana, medio dormida, me he dado un porrazo con la puerta. Estaba convencida de estar en otra casa, la dirección era otra.

Nictálope, antílope y murciélago.

19 mayo 2006

Movimiento

A veces vuelvo a casa conduciendo por la carretera que va paralela a la Ría.
Hoy iba en caravana casi a la misma velocidad que un barco lleno de carga que salía (a unos 3 nudos) arrastrado por dos remolcadores.
Mientras iba mirando el barco, por encima de nosotros despegaba un avión.