Exvoto / Gillermo Pérez VillaltaDicen que si no se va a San Andrés de Texido vivo, se irá de muerto.
Si me metempsicoseo en escarabajo de la patata, no será gallega.
No recuerdo las veces que he ido, igual hasta demasiadas.
Ahora me propone alguien subir otra vez por esa carretera y ese monte y salgo disparada hacia Murcia.
A lo que iba. Allí fue la primera vez que yo vi un exvoto. Uno no, mejor dicho, cientos.
Era tiempo de Navidad, hacía un frío que pelaba y mientras alguien (no recuerdo quién) compraba recuerdos o iba a la fuente esa de las migas (segundos que tardan en bajar de la superficie, años de vida que te quedan...), o a sacar fotos, yo me metí en la iglesia.
Nunca había entrado y me encanto, es una iglesia pequeña, limpia, y acogedora.
Tenía puesto todo junto, era como una especie de muestrario universal de credos y jolgorios.
Un nacimiento, bombillas de colores, un árbol de navidad, varios papas noeles colgados del árbol, un altarcillo lleno de velucas de esas que hay que echar una moneda y al fondo los exvotos. Patas, brazos, manos, orejas, fotos, cuadrines mal pintados, era un amasijo impresionante. Sobre todo porque las manos, piernas, brazos y demás eran de un color amarillento enfermizo de dar miedo.
Había un cuadernillo con ilustraciones, santos y demás en el que contaban la historia de San Andrés, lo de la barca etc...y ahí explicaban lo de los exvotos.
Entonces comprendí los barcos que hay por aquí en todas las iglesias.
Botes, chinchorros, goletas, veleros, hasta gasolinos. Todas las iglesias de esta zona tienen barcos grandes o pequeños, navegando colgados por encima de los feligreses, hacia el altar mayor. Y desde el coro, desde donde yo suelo verlos, parecen juguetes enormes regalados a los santos, o colocados allí por algún arquitecto lúdico.
Siendo como es Galicia marinera, me extraña la diferencia a la hora de la ofrenda.
Mientras colocaba a Melchor a la cabeza y a Gaspar en su segundo y correspondiente sitio (todo el mundo sabe que Melchor tiene la barba blanca, por favor!), estuve dándole vueltas al asunto de los exvotos, pensando hacer un día uso de la idea, pero hasta hoy no me había vuelto a acordar de ellos.
Ayer, revolviendo en el armario para buscar una funda de chaqueta encontré un neceser mal colocado (ya casi no puedo entrar en el vestidor, hay tres maletas distintas de distintos viajes por allí sin arreglar) que no veía hace tiempo. Es un taurus de aquellos femeninos, de los que se levanta la tapa y además de poder colocar potingues y colonias en sus compartimentos, tiene un espejo que ha hecho más de un apurado servicio.
Abrí para ver que había y tenía dentro otro pequeño neceser con cosas de aseo y un cuadernillo de tapas verdes muy escrito.
Seguí buscando y en otra bolsa, sin aparecer la funda, aparecieron unos zapatos de ante negros que creí haber dejado en una sacristía hace un año (para placer del sacristán, que tenía un cierto aire de ser capaz de probárselos), ahí estaban, los pobres, y en la misma bolsa un cuadernillo de tapas haciendo aguas de color naranja, lleno de notas, apuntes, teléfonos.
Al final la funda estaba colgada en el armario de las cosas largas, con su percha y todo, y dentro otro neceser pequeño, con cosas de coser en un apuro, y unas hojas dobladas haciendo un cuadernin, escritas en todas direcciones.
A parte de los cuadernillos y otras celulosas, encontré más
exvotos. Cosas pequeñas y hasta medianas, pertenecientes a otras vidas, otros momentos, con otras personas o parejas.
En San Andrés, mientras ponía orden en la carrera de reyes magos, pensé que algún día, por San Juan que es cuando menos se nota, tenía que apañar todo lo que me recordara vidas muertas y quemarlo.
Digo yo lo de San Juan como puede ser San Roque, porque puestos a bajar a la playa a quemar cosas, o a hacer un mondongo con hojas secas en Orduña, cualquier momento es bueno, y cualquier constelación es propicia para los que no creemos en más historias que la universal.
La verdad es que sin rituales la cosa pierde mucho, por eso comprendo a los de las ortopedias amarillas. No es lo mismo "de pedir" que colgar allí la petición hecha brazo de una cuerda. Y no, no es lo mismo tirar a la basura indiscriminadamente, recibos del banco, periódicos viejos, cartones de yogur, y los cuadernurrios y las reliquias aquellas, que ir viendo como se requeman, arden y se funden soltando chispas en una pira funeraria.