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14 julio 2008

BIBA!!!



Suelo escribir muy deprisa, pero por mucho que corra no me queda tiempo para contar todas las cosas que me han pasado.
Respective de la mano y alifafes varios estoy mejor, casi bien...

Estoy viva.

Pero ahora lo único que me importa es mi iPhonin.
Estoy encantada y casi maniaca con el chirimbolo.

Aviso para navegantes, he cambiado de numero, era mejor hacer una cuenta nueva que traspasar el viejo.
En el buzón de voz que estará activo un tiempo está el nuevo.

BIBA!!!!

Me voy a comprar una funda y algún artilugio.
Cuando se me pase este vicio vuelvo.

12 abril 2008

Chirimbolo


Estando de ensayos en Alicante coincidió con el concierto de una compañera y sin embargo amiga.
Después del evento conciertoso fuimos a buscar un sitio donde poder charlar y comer algo.
Acabamos en una sidrería peculiar.

Las cosas estaban estupendas, la verdad, pero lo mejor de todo fue el invento para tirar la sidra.

Venía yo de cena y paseos a las barricas a por el culín de turno en la vida sidrera donostiarra, cuando me encuentro con el colmo de la molicie y de la imaginación.

Ni que decir tiene que la cosa ha sido producto de horas de estudio y medidas de parábola. Amen de un evidente amor por la sidra.
La caída era perfecta, y el asunto del apretar el botonaco de lámpara de los cincuenta se convertía en parte de la gozada posterior al degustar la sidrina, que por cierto era riquísima, nada acidulada (ya sé que hay quien la prefiere) ni tampoco dulzona.


Se coloca la botella en el chisme de casco, boca abajo, y el vaso sidrero en el recipiente ese de hierro, que tiene la inclinación perfecta. Se aprieta el botón, y sale la sidra por arriba y cae exactamente en el borde del vaso, con su espumina y su canesú.

Magnífico invento.
Estas cosas me reconcilian con la humanidad...

16 octubre 2007

Leopard

The Leopard / Malcolm Morley


Tras un paseo por panteras, tigres y alguna selva actualizada, llega Leopard.
Anuncian su salida para finales de octubre, y eso supone zafarrancho.
Como es lógico en cualquiera que conozca la posibilidad del caos informático, no hago un backup desde hace años. Es más, el último lo hice en un disco firewire que no pongo nunca por si encuentro algo que me asusta.
Es terrible abrir esos armarios de datos, cosas tan muertas que ni recuerdas comparecen tan panchas en todo su esplendor y se te incrustan antes de que puedas cerrar el maldito archivo.
Así que tengo que poner el disco, hacer limpieza, es decir pelármelo, y backupear todo.
Anoche pensé hacer una selección, pero me resulta imposible.
He acumulado tal cantidad de basura que cribar lo importante me llevaría semanas.
Tiempo que ya no tengo.

Cuando leí la noticia me dio un escalofrío. Ya sé lo que va a pasar.
Instalaré todo, tras la intendencia, y me tiraré dos días sin apenas comer, sin despegarme del chisme, probando, mirando, instalando, cambiando...
Un estado nervioso que reconozco y me gusta y que me hace terminar al cabo de todo, con los ojos como botas, dolor de espalda, cansancio y nervios. Hasta el punto de tener que tumbarme en la cama, no poder dormir y seguir maquinando procedimientos mirando el techo.

Aprovecharé para actualizar el iPod. Lo tengo ahora absolutamente lleno de Bach y es hora de hacer sitio para otras músicas...y para la serie de Poirot, que tengo comprimida y preparada.

He estado mirando portátiles con procesador Intel Core Duo para poder meterle un OS X, pero los que tienen las prestaciones que necesito tampoco están tan lejos del Apple en precio, así que esperaré.
Si en el próximo concier no estoy en bancarrota (como tengo por costumbre), igual me actualizo también en eso.


Ahora a esperar...como el cazador en la selva...
Mirando fijo...esperando al leopardo...

03 septiembre 2007

Sikorsky



Este aparato, el CH-54Tarhe, (S-60) es uno de los chismes que más me gustan.
Tiene algunas versiones, dejo enlaces para documentarse, pero básicamente en esta imagen está todo su ser.

Es una grúa voladora.
Un aparato poderoso con un diseño absolutamente revolucionario y singular.
Salido de una mente especulativa. Imponente.

Su aspecto de libélula, su aparente fragilidad siempre me impresionaron.

Belleza de máquina.

01 agosto 2007

Alternador

El primer chisme similar que desmonté fue una dinamo de la bici.
Así conseguí un imán estupendo que de paso me sirvió para imantar los destornilladores que solía usar.
Luego mi relación con las dinamos dio un salto espectacular.
Para limar las escobillas de la dinamo del 2CV tenía que quitar el ventilador.
Esta operación sencilla pero trabajosa había que hacerla a menudo ya que se engrasaban con facilidad y la batería no cargaba. No era cosa de estar metiéndolo en un taller por eso.
Hace ya tiempo que los coches llevan alternadores. El concepto es el mismo.
Ya lo han cambiado.

Para celebrar el nuevo estado motorizado (tres días festivos sin coche me han producido una sensación extraña, como desmembrada) voy a llevar a los perros a echar unas carreras por La Galea antes de que llueva truene y haga el frío otoñal que anuncian para esta tarde.

Estuvimos en casa de A. escuchando el programa que presenta J. para acceder al Curso de Siena. Lo que se suele llamar una "schubertiada", así que sólo se toque Bach, Mozart y Ravel.
Buen motivo para otra merienda.
Definitivamente me sigue impactando Bach en el piano. Así que prefiero casi que lo toquen como un desconocido. Perturba.
Ya en casa recurro de nuevo a Britten para desconectar.

Una gata del nuevo lobby, tumbada en la mesa junto al ordenador, duerme tranquilamente escuchando los Branderburgo. En un momento dado suena una cantata, cantada por niños indescriptibles, y se incorpora dispuesta a salir corriendo.
Cambiazo a la "Ofrenda Musical" y se tumba relajadamente.
Tomo nota.

11 junio 2007

Exvotos

Exvoto / Gillermo Pérez Villalta



Dicen que si no se va a San Andrés de Texido vivo, se irá de muerto.
Si me metempsicoseo en escarabajo de la patata, no será gallega.
No recuerdo las veces que he ido, igual hasta demasiadas.
Ahora me propone alguien subir otra vez por esa carretera y ese monte y salgo disparada hacia Murcia.
A lo que iba. Allí fue la primera vez que yo vi un exvoto. Uno no, mejor dicho, cientos.
Era tiempo de Navidad, hacía un frío que pelaba y mientras alguien (no recuerdo quién) compraba recuerdos o iba a la fuente esa de las migas (segundos que tardan en bajar de la superficie, años de vida que te quedan...), o a sacar fotos, yo me metí en la iglesia.
Nunca había entrado y me encanto, es una iglesia pequeña, limpia, y acogedora.
Tenía puesto todo junto, era como una especie de muestrario universal de credos y jolgorios.
Un nacimiento, bombillas de colores, un árbol de navidad, varios papas noeles colgados del árbol, un altarcillo lleno de velucas de esas que hay que echar una moneda y al fondo los exvotos. Patas, brazos, manos, orejas, fotos, cuadrines mal pintados, era un amasijo impresionante. Sobre todo porque las manos, piernas, brazos y demás eran de un color amarillento enfermizo de dar miedo.
Había un cuadernillo con ilustraciones, santos y demás en el que contaban la historia de San Andrés, lo de la barca etc...y ahí explicaban lo de los exvotos.

Entonces comprendí los barcos que hay por aquí en todas las iglesias.
Botes, chinchorros, goletas, veleros, hasta gasolinos. Todas las iglesias de esta zona tienen barcos grandes o pequeños, navegando colgados por encima de los feligreses, hacia el altar mayor. Y desde el coro, desde donde yo suelo verlos, parecen juguetes enormes regalados a los santos, o colocados allí por algún arquitecto lúdico.
Siendo como es Galicia marinera, me extraña la diferencia a la hora de la ofrenda.

Mientras colocaba a Melchor a la cabeza y a Gaspar en su segundo y correspondiente sitio (todo el mundo sabe que Melchor tiene la barba blanca, por favor!), estuve dándole vueltas al asunto de los exvotos, pensando hacer un día uso de la idea, pero hasta hoy no me había vuelto a acordar de ellos.
Ayer, revolviendo en el armario para buscar una funda de chaqueta encontré un neceser mal colocado (ya casi no puedo entrar en el vestidor, hay tres maletas distintas de distintos viajes por allí sin arreglar) que no veía hace tiempo. Es un taurus de aquellos femeninos, de los que se levanta la tapa y además de poder colocar potingues y colonias en sus compartimentos, tiene un espejo que ha hecho más de un apurado servicio.
Abrí para ver que había y tenía dentro otro pequeño neceser con cosas de aseo y un cuadernillo de tapas verdes muy escrito.
Seguí buscando y en otra bolsa, sin aparecer la funda, aparecieron unos zapatos de ante negros que creí haber dejado en una sacristía hace un año (para placer del sacristán, que tenía un cierto aire de ser capaz de probárselos), ahí estaban, los pobres, y en la misma bolsa un cuadernillo de tapas haciendo aguas de color naranja, lleno de notas, apuntes, teléfonos.
Al final la funda estaba colgada en el armario de las cosas largas, con su percha y todo, y dentro otro neceser pequeño, con cosas de coser en un apuro, y unas hojas dobladas haciendo un cuadernin, escritas en todas direcciones.
A parte de los cuadernillos y otras celulosas, encontré más exvotos. Cosas pequeñas y hasta medianas, pertenecientes a otras vidas, otros momentos, con otras personas o parejas.

En San Andrés, mientras ponía orden en la carrera de reyes magos, pensé que algún día, por San Juan que es cuando menos se nota, tenía que apañar todo lo que me recordara vidas muertas y quemarlo.
Digo yo lo de San Juan como puede ser San Roque, porque puestos a bajar a la playa a quemar cosas, o a hacer un mondongo con hojas secas en Orduña, cualquier momento es bueno, y cualquier constelación es propicia para los que no creemos en más historias que la universal.

La verdad es que sin rituales la cosa pierde mucho, por eso comprendo a los de las ortopedias amarillas. No es lo mismo "de pedir" que colgar allí la petición hecha brazo de una cuerda. Y no, no es lo mismo tirar a la basura indiscriminadamente, recibos del banco, periódicos viejos, cartones de yogur, y los cuadernurrios y las reliquias aquellas, que ir viendo como se requeman, arden y se funden soltando chispas en una pira funeraria.

07 abril 2007

Talbot Tagora SX


No me suelo acordar de lo que sueño, o como mucho me quedan vagas ideas que se difuminan en cuanto me cafeíno.
El caso es que me he despertado justo al cerrar la puerta y dejarlo aparcado en el garaje.
Quise mucho a ese coche. Era del padre de Loreto, una organista amiga de más guerras que las musicales. Su padre fallecido, cuidadoso, lo tenía impecable, nuevo, con un rodaje algo corto, pero en un estado reluciente. Se lo compré.
Fue mi primer coche automático. Sólo había conducido automáticos en Canarias y una vez en Puerto Rico, así que de nuevas no me pillaba, pero desconcertaba lo mismo.
Al poco tiempo se hacía uno a todo él. Era el placer hecho motor.
Siendo un coche enorme y pesado, tenía una dirección asistida que se manejaba con un dedo.
El volante de piel se dejaba sujetar como si corriera savia veloz bajo aquel tacto cálido.
Las agujas daban todo tipo de información programable, y la palanca de cambio automático tenía una tecla resistente y blanda a la vez que era de un manejo adictivo.
Junto al volante, integrado en el mando de control de luces y limpia parabrisas estaba el piloto automático.
Cuando iba a una velocidad que deseaba programar, apretaba el botón del piloto y quedaba seleccionada de acceso y tope. Es decir, si reducía en un peaje, por ejemplo, con dar un toque al acelerador comenzaba a subir la velocidad hasta llegar a la programada y si por lo que fuera (una zona pendiente) ésta aumentaba, soltaba presión automáticamente hasta recuperar su programa.
He escuchado todo tipo de argumentos, siempre de conductores que nunca han conducido un coche automático, sobre la conducción deportiva, el dominio del vehículo, etc.
Tonterías. Un toque en el freno activa la reducción automática a mucha más velocidad de lo que es capaz de cambiar de marchas, reduciendo, una persona. Una pisada a fondo del acelerador hacía que se levantara el morro como las patas de un caballo engallado.
Al poder programar la conducción el ahorro de gasolina y aceite era considerable, si bien era un coche, en aquellos años, de gasto exagerado.

Recorrió toda España, como sus predecesores y los que le siguieron, fue leal, seguro, y eficaz.
Le quise mucho. Hoy he soñado con él.

20 febrero 2007

Cromos



La semana pasada me dieron un chisme para oír música a cambio de una cartilla con cromos pegados que había ido recortando de El País.
No sé que me ha gustado más, si el chisme, que me viene bien para estudiar porque pesa menos que el Mini Disc, o el hecho de ir pegando los cromos cada día.
Recortaba y pegaba una mañana recordando la última vez que hice algo similar.
Sólo dos recuerdos venían claros a la memoria. Uno el del álbum de Ben-Hur.
Tenía yo entonces pocos años, tan pocos como para que la mayoría de los cromos los pegara la tata. Vivía en el pueblo, con los tíos, así que todos aquellos cromos repetidos que salían no sabía que había que cambiarlos, se iban amontonando y amontonando hasta que en un rapto de racanería utilitaria, unos años más tarde, los fui pegando unos encima de otros (con engrudo), lo que transformó el álbum en una especie de dromedario bultoso. Sobre todo por la zona de la "batalla en el mar", cuantísimos repetidos...


Más adelante, viviendo en Bilbao, vi con asombro cómo los niños se intercambiaban los cromos en la Plaza Nueva.
Había allí un tráfico cada domingo digno de libro. Aún sigue habiéndolo, aunque ignoro que tipo de álbumes se hacen ahora. Lo curioso es que está lleno de gente mayor, con sus bolsas de cromos, sus listas, me gusta verlo.

Recuerdo los cromos que salían en la chocolatinas Nestle. Mariposas, razas humanas, trajes, animales, coches, trenes...
El álbum Vida y Color, el de Pipi Calzaslargas...
Brillaban y algunos tenían unas fotos de muy buena calidad, cuando no eran unos dibujos maestros. Supongo que fueron las primeras enciclopedias de unos críos que sólo tenían eso como libro de consulta en un momento en que la televisión (los que la tenían) no había descubierto aún el filón de los documentales.


Y recuerdo, cómo no, las libretas de puntos. Había unos supermercados, SPAR, que daban cantidades de puntos según precios o productos. Vajillas de Duralex, tazas, cazuelas... aquello se convirtió en una especie de religión, cartillas y cartillas o libretas con sus sellos de puntos con el dibujo de un árbol, un pino, que al principio había que engominar, y que luego ya venían con su goma chupona, como los sellos de verdad.

Ha sido muy agradable esto de pegar puntos o cromos. Y por cierto, el chisme funciona estupendamente, hasta tiene una radiurria de fácil sintonía para escuchar en las colas o en el metro.

Ahora voy a ver cuantos puntos Travel tengo, me da que me llega para el avión ida y vuelta que tengo que reservar y que no encuentro nada por debajo de 300 eurípides. Igual me da hasta para algún otro chirimbolo...

11 febrero 2007

Caligrafía



Hace tiempo, el siglo pasado, se dedicaban horas y horas de práctica a la caligrafía.
Los niños se afanaban sobre el papel y poco a poco iban colocando encima de la línea las letras mayúsculas, minúsculas, formando palabras.
Hubo un tiempo que además se estudiaban cosas como tipos de caligrafía. Recta, redondilla, itálica...se empezaba con el lápiz o el pizarrín, y se acababa cuando se escribía con plumilla.



Usar la plumilla era una práctica que involucraba dos acciones, la de escribir y la de sujetar. La plumilla había que sujetarla de una manera determinada, con los dedos suevemente colocados a lo largo del manguillo de madera.
El acto de sujetar y mover con firmeza pero suavemente templaba el pulso y aparcaba desde la infancia las manos de aferrar como garra, presionar violento, o movimiento a trompicones.


Dama escribiendo / Jan Vermeer


Había hasta una asignatura de dibujo a plumilla que era además la prueba de temple más severa que se podía afrontar. Tener que recurrir a la hoja de afeitar para quitar un exceso de tinta o una mancha en el último trazo (como alevosamente solía suceder) era algo que podía poner a prueba el caracter más templado y el autocontrol más severo.

Siempre me ha llamado la atención la escritura de los zurdos, y cuando veo uno de ellos escribir frente a mi, la situación de su mano invertida para hacer el trazo me desconcierta y más que inquietud siento hasta placer por el momento de vértigo.
El otro día estaba distraída viendo cómo escribían varios opositores en la tele, buscando zurdos entre ellos. Los enfocaban de frente mientras se presentaban a una de esas multitudinarias oposiciones que se convocan para servicios.
Veía sin ver (y sin encontrar zurdos) un gesto prieto en todos ellos, violento, aferrando el bolígrafo que salía de aquellos puños enmuñonados como un punzón agresivo y perverso.

Empecé a darle vueltas a la cabeza a qué me recordaba y por qué y descubrí cual era la razón de aquel gesto terrible a la vista. Ninguno de aquellos muchachos y muchachas había usado jamás una plumilla. Su manera de aferrar la máquina de escribir era la del que sólo había usado lápices y bolígrafos.



Ayer un alumno y sin embargo amigo, sacaba su agendita para ver que día quedar para un ensayo, cogió un boli de propaganda que había encima del piano, y sujetándolo casi como un pincel fué a apuntar la fecha y la hora.
Imposible, había que clavarlo para que se moviera aquella bola.
Tuve que darle otro que lleva dentro una especie de gel.
Así, suavemente, con los dedos posados a lo largo de aquel chisme como sobre una plumilla, apuntó la cita.

29 noviembre 2006

Menéame y del.icio.us en Blogger/Blogspot


Ayer me dió por añadir la posibilidad de mover los post a Menéame y del.icio.us. (sistemas de promoción de noticias)
Bien, todo me lo tuve que hacer yo, empirismo puro.
Así que voy a publicar el procedimiento para que el que quiera poner esa prestación en su blog lo tenga más fácil que yo.

Lo primero es conseguir los dos iconos respectivos que pueden ser estos:




Si no quereis trabajar (colgando los iconos enlazándolos etc.) la dirección de los iconos que he puesto en las líneas de código (más abajo) es free, enlaza con un maxi archivo de favicones, avatares etc...universal, nunca está caído ni da problemas de servicio. Podeis usarla en confianza. Es el método cómodo que yo buscaba. Y estos son los pasos:

Vamos a la plantilla, allí tenemos que buscar esto que os pego aquí (pinchad para verlo más grande):



Abajo de ese texto, y exactamente entre las líneas que ahora vereis teneis que pegar las líneas de código html que os pondré luego. Exactamente aquí (pinchar para ampliar):



Y las líneas de código html son:


<a href = "http://del.icio.us/post?url=<$BlogItemPermalinkURL$>"><img align=absbottom style="border:none;" src="http://img381.imageshack.us/img381/9358/deliciousicon1vm9.jpg" /></a>
<a href = "http://meneame.net/submit.php?url=<$BlogItemPermalinkURL$>"><img align=absbottom style="border:none;" src="http://img243.imageshack.us/img243/5545/meneame1vs2.png" /></a>


Como sólo se trata de copiar y pegar en el sitio indicado, no debería costaros nada hacerlo, unos segundos, los invertidos en localizar el lugar donde añadir las líneas.

Consejos previos:

.-Copiar y pegar la plantilla y guardar luego ese documento de texto en lugar seguro. Antes y después, para hacer un buen backup de vuestra plantilla de blog.

.-Usar el "Vista previa" que ofrece la plantilla para comprobar que todo va bien y luego no hace falta publicar todo el blog, sólo el índice.

¡Ánimo!

28 noviembre 2006

SETI



He estado reinstalando el sistema y tras ordenar lo elemental decidí ponerle un salvapantallas.

He puesto una cosa sideral que hace colorainas. Me cansaré...

Hace años, cuando me hice mackera, me uní al proyecto SETI con un programa que rodaba detrás, o delante si lo usabas de salvapantallas.
La idea era buscar y analizar los paquetes de señales de comunicaciones buscando inteligencia extraterrestre mientras hacías otras cosas y luego (entonces la comunicación era por modem) se enviaban los resultados cuando estabas conectado.
La señales se recibían en el bellísimo y peliculero radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico. Seguro que nadie olvidará a 007 deslizándose y cayendo como en un tobogán por la enorme copa.

Miles (tal vez millones) de ordenadores se utilizaron en el proyecto. Las conclusiones...en fin, las conclusiones fueron que la NASA retiró el montante que daba anualmente al proyecto.

Siguen en la búsqueda de la señal gausiana y en este enlace hay información sobre ello.

24 noviembre 2006

Cajitas


Desde hace muchos años tengo en una vitrina, delante de las partituras de orquesta (de bolsillo) que la llenan, unas cajitas de música que eran de mi madre.
Nunca he sido coleccionista de nada, salvo tal vez de material. Tengo partituras de cuartetos de cuerda, de flauta, de cello, que nunca tocaré, pero me gusta verlas o estudiarlas.
Ella tampoco coleccionaba nada, a alguien le dio por empezar a regalarle eso, otros siguieron y las fue guardando. Ahora las tengo yo.
Una de ellas tiene una melodía pentatónica (es china) que no puedo soportar escuchar. Me deprime hasta un grado que no puedo controlar el remonte.

A pesar de mirar con desconfianza esa cajita, creo que su música, la de todas, me gusta mucho. Hasta la pelma balada del doctor Doctor Zhivago suena bonita en una caja.

Una vez, siendo una niña, me regalaron una de esas redondas que al tiempo que suenan giran. Había una casita, unos enanos, unos ciervos, nieve, abetos y sonaba un villancico inglés.
Se me cayó al suelo y se rompió. Entonces me quedé con la maquinaria y la guardé muchos años. Tenía una pequeña manivela y los pinchos levantaban suavemente las lengüetas cuando la movía. Sonaba la misma melodía, pero descarnada, sin resonancia, seca y resultaba casi tan descorazonadora como la pentatónica que no me atrevo a poner...y que está sin cuerda desde hace años.




Me gustan esas cajinas, las hay de todas las formas y materiales, y naturalmente las melodías son infinitas, al cabo del tiempo han acabado por gustarme. Si me acordara, igual las coleccionaría.

Cuando se estrenó la película me resultó impresionante escuchar la bellísima música de Rota. El uso de una obstinada melodía de cajita hace de Casanova un autómata del amor, más autómata que su muñeca, el motivo.

He buscado y he encontrado un pequeño trozo de la canción de "la muñeca automática".
Es tan bella como inquietante, pena no tenerla entera...



16 noviembre 2006

Figura


Siempre me dio bastante apuro pintar los modelos que posaban en BBAA.
Algunas eran rechonchas, y la cosa era más llevadera, daba la sensación de que tumbadas ahí estaban a gusto, haciendo la digestión. Pero otras eran tan delgaduchas que se les podían contar las costillas y daba verdadera impresión verlas allí, en su penosa desnudez manteniendo una pose que resaltaba aún más sus tendones a punto de disparo.
Lo que más me gustaba dibujar eran las esculturas del Museo de Reproducciones. Bustos, frisos, figuras estaban allí, algo polvorientas, tan tranquilas, dejándose copiar por los siglos de los siglos.
Y lo que más me gustaba pintar eran los bosques de hayas, nos llevaba Manu a Orozco cada dos semanas, y los caseríos y caminos que resaltaban sobre una inmensidad de verdes y de ocres.
Hace mucho que tengo los tubos de óleo solidificados, los pinceles y demás en su caja, encima del armario. Los caballetes plegados debajo de las jaulas individuales, que ya no uso, pero que me resisto a tirar.
Tengo una tina en la entrada llena de pergaminos con dibujos a sanguina o carboncillo criando polvo y supongo que por alguna parte estarán las carpetas de dibujo a lápiz.
De todos aquellos tiempos me queda un recuerdo más que agradable de los viajes en 2VC, de las clases, las meriendas, el pequeño negocio haciendo retratos ("pague si le gusta", ¡qué osada! y que poca exigencia; pagaban todos) y el querido muñeco articulado.
Tenía uno que me había hecho mi tío el anarquista, puliendo, limando y engarzando aquellas piezas sobre un plano que él mismo se había fabricado.
En una incursión de amigos con descendencia murió a manos, minúsculos dedines, de una niña preciosa de enormes ojos verdes y frenética actividad.
La muerte de aquel muñeco me desconcertó, me dolió como no recordaba que me hubiera pasado con los que de verdad tuve de pequeña. Tal vez sólo comparable con la del ángel del Nacimiento.
Tiré sus restos deprisa, no había forma de juntar aquello, además alguna de sus partes estaban triscadas o astilladas.
El otro día vi uno y no pude evitar el comprarlo.
Ahora está ahí, sentado, mirándose cual Margarita a un espejo imaginario sus no joyas.
Y yo estoy muy contenta de verlo, y lo cambio de sitio y de postura.

14 noviembre 2006

Tiempo




Tengo un cacharro que le llaman rumbosamente "estación meteorológica" y que traducido es un termómetro con un sensor externo, un higrómetro y un reloj.
Desde hace unos días un sol parpadeante indica que no va a llover.
Y claro, no llueve.
Hoy hace frío, me tendré que poner abrigo para sacar a los bichos, pero pese a no llover, a no haber nubes, cada noche sale una niebla espesa del mar, a la misma hora, como acudiendo puntual a una cita, y no se va hasta que el sol calienta la calle.
En la plaza donde saco los perros viven unos petirrojos. Vivían unos mirlos bastante caraduras, ni se apartaban según que perro se acercase, pero ahora además viven los petirrojos.



Hay mucho crío por esa zona, van al colegio que hay en esa misma calle, así que dejan bollos, patatas, migas por todas partes que devoran los mirlos, gorriones y jilgueros.
Los petirrojos cantan por la tarde y algunas noches, como se encienden pronto las farolas por la niebla, siguen cantando a las horas que yo bajo.
Antes venían por aquí de paso, ahora se han quedado, y no sólo se han quedado, sino que se han hecho habitantes del pueblo, habiendo como hay bosques y montes cerca.
Me suelo sentar en un banco, si no está muy mojado, y los veo brincar y llamarse cantando. Es un espectáculo verlos corretear buscando insectos y en esa zona hay gran cantidad. Aún recuerdo cuando bajaba con mi lata a buscar bichos para mi geco de Madagascar, (como los canarios que están criando).



Supongo que habiendo tantos insectos en esa zona, es probable que haya algún tipo de reptil viviendo. Un sirón, lagartijas...
Tengo que mirar antes de que cambie más el tiempo, así que la primera medida será meter una linterna en la chamarra.

11 noviembre 2006

Sámara


Venía en el libro de ciencias, nunca vi una, pero hoy han aparecido en la ventana y me he acordado de golpe.
Parecen élitros son bellísimas.
Así que voy a plantarlas, creo que son de Arce, pero no estoy segura.
Tengo trabajo de bichos y plantas.



Puse todos los pájaros juntos en un volador, encima de la repisa para plantas que coloqué en la sala. En verano, como tiene ruedas, lo sacaré al balcón.
Total, que los canarios de Mozambique quieren criar y necesito más pelo para el nido.
Tengo también que ir a cambiar unos cuantos Pelvicachromis por comida.



Es un acuerdo al que he llegado con el de la tienda de acuariofilia del pueblo.
La cosa está muy bien, porque el caso es que se reproducen tan ricamente y mientras yo consigo la comida grátis, él consigue unos ejemplares la mar de majos, sanos y lustrosos.
Lo malo es pescarlos. Una lucha.

08 noviembre 2006

Pan


Bodegón con tablero de Ajedrez/Lubin Baugin


Hace unos meses me compre un chisme que hace pan.
Es una especie de urna con que contiene un molde con unas aspas que baten y mezclan en secuencias la masa que tras el debido reposo se hinchará y convertirá, con calor que la máquina produce, en un pan con forma de molde, pero con el sabor genuino del mejor pan de horno.
Al principio la tuve ahí puesta sin usarla, monumento al chisme, porque los botones y programas me parecían farragosos, hasta que me lancé a ello y resultó ser de una sencillez suficiente como para ser eficaz.


Naturaleza muerta con pan/Van Gogh

Hace tiempo había un obrador en el patio de atrás. Es decir, el patio lindaba con la panadería y por sus chimeneas salía de madrugada el olor a pan y a bollos.
Haciendo pan ahora con este artilugio he vuelto a recuperar aquel olor. Es un poco como cuando aso pimientos, o hago cocido montañés. Son esos olores que has conocido siempre, que se han perdido y que cuando vuelven a salir por las ventanas o deslizarse por la escalera se siente una sensación de casa, de hogar, de seguridad, y hasta de equilibrio.



Naturaleza muerta con jarro y pan/Picasso

He encontrado cantidad de cuadros con ese tema y me ha costado elegir. Me pasa lo mismo con los panes. Hay ahora otro obrador, un par de calles arriba, que es un problema. Siempre salgo con varias clases de panes (que no puedo acabar de comerme) con rosquillas, palines, buñuelos...


Pan y uva/Dali

Me gusta mucho el pan. En todas su formas y sabores, me gusta olerlo, verlo, tocarlo, partirlo y ... comerlo.

27 octubre 2006

Venturi



Hace mucho mucho tiempo...cuando los coches tenían carburador, aprendí una cosa, o mejor dicho, me enteré de una cosa que me gustó mucho. El efecto Venturi.

Tuvo que pasar mucho tiempo y muchos acuarios para llegar a la maravilla del Venturi aplicado a la oxigenación. Antiguamente esto se hacía por medio de unos motores que introducían a presión el aire vía unas gomurrias que se disimulaban con buzos, arcones de tesoros y espantos similares. La bomba, el motor, hacía un ruido insoportable, así que daban ganas de dejar que los peces se asfixiaran con tal de no escuchar aquello.
Luego inventaron los filtros de mochila, así al caer el agua como una cascada de Iguazú entraba oxigenada en la pila. Pero claro, el constante sonido del agua brotando era tan inquietante o más que la bomba de aire, y producía considerables viajes al baño en las visitas.
Hasta que se aplicó el Venturi.
Los filtros (de carbono generalmente) chupan y echan el agua por sendos tubos de goma, en cuyo extremo de salida se coloca el Venturi. Consiste en un estrechamiento con un tubo de absorción al que se le aplica un pequeño tubo al exterior, por el que al aumentar la presión será absorbido el aire de la habitación que entrará a presión en el agua produciendo además burbujas en las que les gusta rebozarse a todas las especies.





Es un invento estupendo que me produce respeto y placer.

18 octubre 2006

Paraguas


Gustave Caillebotte


Desde que asumí mi despiste paradigmático, y ya de paso me hice más comodona, hace ya mucho tiempo que no compro paraguas. Hubo un tiempo en que recuerdo haber elegido mangos, colores y tamaños, pero ahora me conformo con los que dejan en el paragüero los que pasan por casa.


Pierre Auguste Renoir

Al respecto del despiste tengo justificante, es hereditario. Mi tío y su ejemplo marcan la ruta. Un otoño lluvioso mientras arrancaba el coche recibió la jaculatoria paragüera de mi tía.
Visitó a casi toda su familia, al dentista, al oculista, fué un día de viajes, subidas y bajadas...
Entrada la noche escuchamos el coche en el garaje, la puerta, la puerta de atrás...y luego unos "¡Qué barbaridad!" repetidos varias veces.
Asustadas fuimos a mirar que pasaba y claro, la cosa era más bien de risa.
Agobiado por la jaculatoria respecto a todas las cosas que perdía fué visitando casas y consultas, y en cada sitio cogía un paraguas y en algunos hasta una gabardina y los iba echando en el asiento de atrás según entraba al coche.
El asiento de atrás estaba hasta arriba, tuvo que quedar luego con todos y estuvo un par de días de reparto.


Paul Serusier

Este estado de cosas y desastres de memoria futuribles me hizo preferir los gorros de agua y los impermeables enormes hace ya tiempo.
El caso es que me da pena, me gustan esos cacharros, son bonitos y dan pote según se lleven. Mi tío, el mismo de las pérdidas, solía llevar uno negro cerrado a modo de bastón que lanzaba por delante de su paso y posaba suavemente, cuando andaba rumboso por la calle... y no llovía.
Me gustan cuando los llevan los demás, me gusta verlos, de lejos claro, porque se hace difícil cruzarse con algunos que se los incrustan encima de los hombros y caminan como una unidad paragüil arrasando transeuntes.

Hoy ha llovido y ha hecho viento, un conjunto de inclemencias perfecto para ver todo tipo de situaciones, como la del desesperado que acaba tirando el paraguas volteado a una papelera.
Es un otoño perfecto para recordarlos, y al hacerlo cómo no recordar aquella película, que por cierto no he visto, pero de la que quedó grabada para siempre una de las canciones francesas más melancólicas.



15 octubre 2006

Marca al agua



La semana pasada tuve que ir al notario a que me compulsara unas fotocopias.
El asunto consiste en sacar copias del documento a compulsar en un papel del estado con marca al agua de la notaría. Luego es firmado y sellado y varias veces tamponado. Protocolos.



El caso es que estuve mirando el papel y no me pareció nada bonito, era más bien vulgar, amarillento, con una letra impersonal y unas filigranas toscas.



Eso me hizo recordar las marcas que había ido viendo en distintos papeles a lo largo de mi vida de apasionada de las papelerías.



Papeles para escribir, papeles para fumar, billetes, certificados.
La historia del amanuense en su trasluz.



Las hay con todo tipo de dibujos...



Las hay de marcas comerciales...



... o privadas.



Las hay ingenuas, artísticas, bellísimas.



He encontrado una página interesante, supongo que buscando habrá hasta coleccionistas.

Es bellísimo todo, pero lo que más me gusta es la idea.

07 octubre 2006

Reloj 2



El ritual de dar cuerda el enorme reloj que había junto a la escalera pertenecía en exclusiva a Doña Juliana. Llevaba colgando del cinturón, debajo del delantal, una cuerda trenzada en la que sonaban como cascabeles las distintas llaves de la casa. Las del reloj eran tres. Una abría la urna de cristal de la esfera, otra la urna del péndulo y las pesas y la otra, rechoncha y con un enorme trasero que quería ser una mariposa con las alas desplegadas, era la de la cuerda.
El reloj atrasaba cada tres días un minuto, entonces abría la urna de la esfera con cuidado, se limpiaba bien la mano para no engrasar las doradas agujas y colocaba cuidadosamente la más larga en su lugar.
La cuerda se daba por la noche, antes de apagar todas las luces y el chasquido de la puerta de cristal daba por terminado el día.

Siempre me han gustado los relojes, pero cuando verdaderamente me apasionaron fue cuando ví uno desmontado.
Mi tía Pilar tenía una joyería. En la parte de atrás de la tienda una puerta conducía a las escaleras que por el interior comunicaban con la casa y otra se abría a un pequeño pasillo que terminaba en el garito de Arturo.
Arturo era además de tallador de piedras y orfebre, un consumado relojero.
Llevaba siempre en el ojo una lupa, lo que hacía que cuando levantaba la vista tuviera un aspecto apasionante, mezcla de pirata y robot biónico. Su ojo libre miraba entrecerrado para equilibrar el desfase y su ojo lupero aparecía enorme, desorbitado, enmarcado por el cilindro negro lo que le daba un aspecto aún más inquietante.
Ver el ojo ya era suficiente como para estar deseando ir a la trastienda, pero ver la mesa de trabajo era ya el colmo del placer.
Sobre ella tenía dispuestos distintos paños de distintas texturas, terciopelo, pana gruesa, lino... de distintos colores.
Sobre el terciopelo morado colocaba piedras, rubís, brillantes, perlas, sobre el lino negro tuercas de distintos calibres, engranajes, ruedas, muelles, sobre la pana gruesa los tornillos, cada camino del tejido una gama de grosor. Finalmente sobre la seda roja las tapas de los relojes a las que pulía y retocaba arañazos o abolladuras.
En unos tarros tenía, con una pata dentro y otra fuera, las distintas pinzas que utilizaba, los destornilladores, los cepillos y en medio, presidiendo todo, estaban la enorme lupa con luz, un microscopio y una especie de patena.
Yo me sentaba en silencio y miraba sin perder detalle cada uno de sus movimientos.
A veces retenía durante un largo espacio de tiempo la respiración, yo inconscientemente hacía lo mismo, mientras colocaba un delicado engranaje sobre otro y le hacía encajar con un tercero.

No dejaba entrar a nadie mientras trabajaba, así que por haber conseguido poder estar allí sentía una especie de orgullo, mezcla de temor a perder el privilegio, que me hacía acudir a la puerta con veneración religiosa.
Un día, cuando faltaban unos días para mi cumpleaños, me dio una caja en una bolsa cuando me marchaba. Me dijo, "toma, tienes dos semanas, es tu regalo de cumpleaños, no lo abras aquí, ten cuidado no le des golpes".
Pesaba un poco, y se escuchaban ruidos cuando se movía, así que estuve absolutamente frita toda la tarde hasta que llegamos a casa.

Subí a mi cuarto, me senté en la cama y abrí el paquete.
Había una caja y dentro otra caja aún, encima una hoja escrita con una pequeñísima y clara letra decía: "Prepara una mesa parecida a la mía, una mesa que no necesites durante dos semanas. Hasta que todo esté colocado no abras la segunda caja".
Me golpeaban las sienes de los latidos. Bajé al garaje y subí una tabla que poníamos de mesa cuando hacíamos meriendas en la huerta, puse encima un mantel, coloqué una silla con un buen cojín para estar más alta y abrí la segunda caja.
Contenía varias cajitas, cada una de ellas con engranajes, tornillos, muelles, placas, herramientas...pensé que era un reloj hasta que abrí la última, la más grande.
Era la que contenía las dos carcasas y la manivela de un carrete de pescar.

Me faltaba una lámpara, y al final acabé poniendo también una radio.
Tardé una semana en montarlo. Probablemente una de las mejores semanas de mi vida.