Sombreros

Hace algunos años se le ocurrió a Luis (y a los de Ópera Cómica) montar y mover "Un sombrero de paja de Italia" Eugène Labiche.
Estaba Luis imponente, como siempre, porque además de todo es un actorazo, y la Pepi preciosa...es el recuerdo que guardo entre brumas de montajes y partituras. Pero lo que nunca podré olvidar es el sombrero.
Era un sombrero, de paja, con cintas y flores.
Daba la sensación, cuando Pepi se lo ponía o lo posaba, que se iba a echar a volar, y llevándolo en la cabeza su planta que siempre fue imponente y bella, se transformaba además en algo literario, leve, alegre y fresco.
Siempre me gustaron los sombreros. Mi tío tenía el ritual de guardar las plumas más bonitas de faisanes o gallos para los suyos, que generalmente eran de fieltro gris en invierno. En primavera pasaba a la visera francesa, entonces los tonos eran marrones y en algún exceso le he visto con viseras irlandesas. Todos los usuarios de viseras y boinas (francesas o españolas) han mirado siempre con mucho espanto y algo de desprecio la visera neoyorkina, esa que parece un puf con botón y todo, casi tanto como han respetado los sombreros australianos (un guante) con esa línea imponente que les caracteriza.
No sé la razón de que haya desaparecido la costumbre de los sombreros, puedo entender que desapareciera el perpetuo uso que se hacía de los tocados, más que sombreros, femeninos, la vida, las costumbres y el tipo de peinados lo hace comprensible, pero el sombrero como tal (masculino o femenino) es una prenda útil, no sólo un adorno.
Hoy he visto a Bibi, una señora que tiene una tienda de telas aquí a la vuelta, con un sombrero de paja académico. Con sus dos cintas atadas bajo la barbilla, lo que impedía que el viento se lo llevara mientras sujetaba al borrico de su perro (un pastor peludo y obstinado) que tiraba de ella mientras cruzaba la calle.
Luego ha pasado en bici el padre del carnicero con una visera irlandesa, y en la acera de enfrente he visto a los hijos del óptico que bajaban a la playa con sombreros pequeños de paja.
Me doy cuenta de que por casualidad he seguido viviendo con sombreros alrededor, yo misma tengo varios, de lana, de fieltro, de agua, colgados en la entrada, un par de ellos en el armario.
Me ha reconfortado recordarlo, me gusta tenerlos.
Es más...quiero más.





7 comentarios:
Preciosa entrada, M.
Beso.
Miranda,
¡me encantó tu homenaje a los sombreros!
Siempre me pregunto lo mismo que tu ¿porqué han dejado de usarse?
De niña, usaba sombreros. En verano suaves, volátiles, con delgadas telas, moños, flores,cintas de broderie o de raso. En invierno de tweed con cintas de terciopelo. Una de mis tías me inculcó el vicio...y mi padre lo fomentó, halagándome. Decía que me quedaban estupendos. Los años pasaron y en la adolescencia me dio mucha verguenza llevarlos. Pero cerca de mis cuarenta me vino un ataque de sombrero, y compro uno en cada sitio del mundo que visito. Y los uso, aunque no estén de moda, aunque me miren con cara rara, aunque se me achate el cabello!
Cada tanto, recuerdo las cajas enormes que mi abuela tenía en su ropero, y cada vez que las abría para elegir el sombrero que llevaría puesto, combinado con la ropa, dependiendo de la ocasión...
Mi memoria conserva imágenes maravillosas de grupos de hombres y mujeres llevando sombreros.
En este momento me acuerdo del casamiento del Príncipe de Asturias. Lo único que me importaba era ver las pamelas...
Muchas gracias por tu homenaje a los sombreros!!
Un saludo desde el helado sur
Hay quién dice que pasaron de moda por lo caros que son, o incómodos para la vida ajetreada que se lleva desde la segunda mitad del siglo pasado, o que eran un símbolo de esclavitud de la mujer... La verdad es que no me convence ninguna de esas razones. Sigo recordando a mi abuela eligiendo qué sombrero usar, y combinarlo con guantes!
Yo para prepararme para el día que se me empiece a caer el pelo, uso desde hace unos años, durante el invierno, gorrilla de fieltro para ciudad y de pana para el campo y últimamente una que me trajeron de piel curtida desde Polonia (tipo Solidaridad). En verano voy a pelo, o como mucho me pongo un gorro tipo turista con sus dos bolsillitos a los lados para llevar por ejemplo las llaves cuando voy en bañador a la playa.
Creo que a las mujeres cualquier tipo de sombrero elegante les favorece. Yo suelo fijarme en las bodas en los distintos tocados y pamelas porque me dicen mucho del gusto de la persona que lo lleva.
Yo pienso que la moda recicla absolutamente todo lo antiguo y es posible algún rebrote momentáneo en ciertos circulos más o menos mediáticos pero no creo que vuelva a alcanzar categoría de popular a menos que se haga más manejable.
Abrazo descubierto.
Recuerdo haber tenido tocaditos de esos de cría, cantidad. Con su lazo, con sus sedas, preciosos.
(Y las sombrereras son también preciosas, que cajas más bonitas!). Aquellos sombreros con tules, con sedas, de cantidad de colores, haciendo juego con trajes o zapatos.
Que bonitos todos.
Y LOS GUANTES!!!
Tengo aún una caja llena de ellos, de guantes de pieles, de todos los colores y largos. Según las horas, las mangas, y la ocasión.
Que ataque de nostalgía...
Pues sí, Manolotel, en las bodas se entera una de mucho sólo mirando los sombreros. Pero dónde más se nota todo todero, es cuando alguien se pone un traje de noche largo. En cómo anda, se mueve, se sienta, etc...calas hasta el hueso.
Astucias feminoides que ya quisiera Sherlock...jojojojojo.
Beso.
Desupés de ver fotos antiguas de trabajadores con boina, decidí ir al curro con una de las que tenía mi padre. Eso fue hace diez años y lo hice sólo un par de semanas. No pude soportar tanto cachondeo en torno a mi tocado.
Mi padre los sigue usando, gorras y sombreros, desde que se jubiló ya no se coloca la boina.
Bonita entrada Miranda.
Me fascinan los sombreros. Tengo un montón en casa y todavía me parecen pocos: de paja (para el jardín), boina, qué coño, una txpelita negra con pitorro y todo que me queda monísima de la muerte, un gorro rastafari en discretos tonos tostados, una gorra chulapa que tiene un nombre específico que ahora no recuerdo, un borsalino, decenas de gorras de beisbol... Y sí, la gente se te queda mirando cuando vas por la calle con tu sombrero. Lo que ellos no saben es lo cómodo que resulta ponerse un gorro de agua y una buena gabardina para refugiarse de la lluvia venteada en vez de luchar contínuamente con un paraguas (que somos del Norte, oye, y eso se tiene que notar).
Más besos. Cal.
Publicar un comentario en la entrada