21 agosto 2006

Cancerbero

Apareció el año pasado por estas fechas, un poco más tarde.
Llovía de esa manera pesada, pelma, como llueve aquí a veces, que va haciendo flotar una nube de bruma en el suelo empapado.
Era la primera vez que me ponía un impermeable tras el verano, y no llevaba en el bolsillo a mano ninguna moneda. Me costó un buen rato de revolver en el bolso encontrar un euro para el carro.
Estaba allí, sentado en la puerta, un poco hacia la izquierda, con una cajita de monedas casi vacía.
Hice mi compra y tras dejar al carro me marché. Seguía allí, y saludó con una educada inclinación de cabeza que me sorprendió un poco.
La semana siguiente había una oferta de algo voluminoso, no recuerdo qué. Cargué con aquello hasta el coche y cuando estaba guardando los paquetes se acercó con una de las compras que se me había caído.
Ese día comenzó todo.
De propina, agradecida, le di el euro del carro tras dejarlo en la fila. Me dijo:
"Gratzias". Así, con tz como cuando cantábamos de pequeñas en latin. Con un evidente acento rumano. Entonces idetifiqué su físico de hombre "antiguo", (me recordaba a un concertino de la Orquesta de Bilbao) sus ropas y maneras.
Cada vez que iba el ritual era el mismo. Dejaba ya el carro sin meter en la fila, para que al hacerlo él se pudiera quedar con el euro, en un gesto menos limosnero.
Un día me intentó hablar, con un cerrado acento buscaba palabras cortas con las que pedirme trabajo para su mujer e hija. Me dió un teléfono móvil para que si alguien las contrataba les llamara.
Lo pasé a una vecina que trata con mucha ama de casa, y creo que funcionó.
En navidades pasé a comprar algunas cosas. A la salida le dejé un par de bolsas con algunos caprichos que supuse no se podrían permitir. Me lo agradeció un poco exageradamente, y de paso me pidió (iban ya a cerrar) que le acercara donde le esperaba su mujer, la parada del Puente Colgante. Allí estaba ella, me la presentó, con más bolsas. Deseos de felicidad...y nos despedimos.
Tardé bastante, más de un mes en volver por allí, cuando lo hice y mientras sacaba el carro, se acercó a decirme que necesitaba que su hija trabajara más cerca, que estaba muy lejos y le costaba mucho ir y volver del trabajo.
Siguió hablando a toda velocidad y me dijo que tendría que ir a Rumanía a renovar los papeles, pero que no tenía dinero para ir, siguió hablando, entré en la tienda mientras asentía a lo que me decía entendiendo la mitad de la mitad.
Seguí manteniendo el ritual de dejar el carro.
La siguiente vez, cuando iba a entrar en la tienda sujetó mi carro para pararme. Me volvió a contar que su hija tenía que trabajar más cerca, y ahora también necesitaba trabajo para un hijo.
Asentí y conseguí meterme de una vez dentro.
Cuando volví lo hice acompañada, iba con Alberto, y entramos hablando entre los dos. Nos fuimos, y no pasó nada.
A la semana siguiente fuí sola. Tras saludarme me pidió que le comprara un pollo entero, que los había de oferta. Debí mirarle pasmada, porque insistió en que estaban de oferta. Dispuesta ya a todo entré en la tienda y tras mi periplo, que nunca incluía la carnicería, pase a por el pollo, no quedaba ninguno. Pregunté a la encargada y me dijo que se habían terminado por la mañana.
Cuando salí se lo dije, su cara fué un poema, primero la gran pascua rusa, luego ira, luego contención, le dije entonces que se habían terminado por la mañana. Estoy segura de que lo comprobó.
La vez siguiente llegué tarde, como siempre, casi para cerrar, me dijo que si le llevaba a la parada, le dije que no volvía a Algorta, que iba en la otra dirección.
Esa mirada...
De nuevo volví con Alberto, saludos, adios, ritual del euro.
No recuerdo los viajes intermedios exactamente, cada uno de ellos una presión, peticiones o exigencias.
Recuerdo haber usado el truco de hablar por teléfono para no mirar, el de salir disparada mientras estaba trabajandose a otro arrinconado, y ya por fin el truco definitivo: llevar mi carrito de casa.
El único inconveniente era que luego había que cargarlo en el coche y según el peso la cosa era complicada, pero probablemente el carrito ha sido lo más gratificante, porque además de entrar derecha, sin el peaje de meter el euro, la mirada vigilante, el intentar entrar sin que me capturara, luego salía disparada con mi carrito al coche, derecha, ¡Y SIN DEJAR EL EURO!.

Todo esto es lo que recuerdo, nada más pensar en que tengo que pasar a comprar mis helados favoritos, o la ofertaza de la semana.
Creo que voy a tener que cambiar de tienda.

13 comentarios:

solodelibros dijo...

Menuda historia. A mi me pasó algo similar con una vecina que en una ocasión le pidió a mi madre que por favor cuidara de su hija pequeña, pues tenía que salir con urgencia. Mi madre lo hizo encantada, pero a partir de ahí todos los días teníamos que cuidar de la pequeña. Acabamos por no abrir la puerta cuando llamaba. ¿Por qué cuando los sinverguenzas abusan, sentimos bochorno los demás? Un consejo, ignora al cancerbero.

fdo dijo...

Menudo cabrón. Ni te acerques.

Jesús dijo...

Se decía, hace años, que la acumulación " cuantitativa " tendia a producir saltos " cualitativos " y lo has descrito, en la cotidianidad, de una manera magistral. Uno siente la angustia y el acoso y sin embargo sospecha que el relato está lleno de guiños: el pobre,el carro del consumo o quiza también el propio nombre de la entrada: carcerbero: alguien destinado a parar la entrada de algo.
Y opinando sobre la materia del relato mismo digo que no es adecuado sembrar falsas espectativas y que, a veces, por eso de que somos necesitados; ese sentimiento es fruto de muchos contratiempos.

Miranda dijo...

Qué razón y que ojo tienes, Jesús.
El nombre está elegido con cuidado, es probablemente el único guiño consciente de la historia.
Lo demás es sólo producto de mi mal hacer.
Hay algo en mi que atrae a un determinado tipo de gentes, no sé que hacer.
Si encima atiendo sus requerimientos iniciales y le regalo en navidad, cosa que hago profusamente, tenderos, conocidos, hasta el que está en la ventanilla de Correos...la puerta del equívoco está abierta.
Pero hay más, claro. Hace ya tiempo que por los mismos mensajes corporales que recibió la cercanía recibe la distancia, que no el desprecio, porque en el fondo es un elemento que me impone, pero que ni temo ni desprecio, simplemente me resulta inquietante, y claramente abusón.
No tiene muchas más vueltas, es mi culpa, como en otras ocasiones.

Por eso teneis razón todos, fdo. ha sido, como siempre, la esencia total.
Yo he tenido la culpa, y el tío es tirando a cabronazo, porque hay que verle. Impone un congo, ya dije que se parecía al concertino, lo que no dije es que el concertino era "comisario" de los rumanos de la orquesta, una especie de KGB que tenían militarizada que en euskadilandia se transformó en una mafia pura y dura.
buffff...
Voy a dormir, que tengo racha agotadora, la casa ocupada, la cocina llena a todas horas, alifafes caninos, y demás, estoy rendida, a ver si saco tiempo para contar un par de gamberradas que he recordado hoy mismo con un compa de tocamientos(*).
Rebesos.
M.

(*)Tocamiento: voz que define el producto de concienzudos ensayos, disquisiciones y demás y que es llamado por el vulgo "concierto" o "interpretación".
Los tocamientos son de muy variadas clases tantas como estilos musicales, si bien, dado el pedo místico que lo caracteriza, al estilo de música denominado "ambiguo" vulgo "antiguo", le va fatal fatal, por lo que en ese caso el término adecuado (como en los conciertos dedicados al lied o melodie) es "almas inmortales".
Todo levitamientos...

Javier López Clemente dijo...

Excelente narración. Me ha atrapado su lectura, yo le habría dado un giro a la realidad para terminar en escena gore... el muerto lo decides tú.
Repito: Excelente narrción y un título de diez.

Bielka dijo...

Miranda, yo no veo que tengas culpa de nada ni que siembres falsas expectativas. Ése tío actúa así porque va a su provecho y cree que puede sacar algo de ti. Es cierto que tu actitud empática y solidaria con sus problemas ayuda a que él intente aprovecharse, ya que tú te "ocupas" de él, mientras que otros pasan de largo, pero el que abusa de tu buena disposición es él. Y abusa porque es abusador, no porque la necesidad lo empuje a actuar así. No todos los que están en necesidad actúan así.

La chica que viene a trabajar a mi casa se gana la vida limpiando casas y su marido hace trabajillos de vez en cuando. Pues bien, viven muy precariamente (tres de lo que ella gana limapindo), pero su marido no pide limosna sino que, cuando no hace chapuzas, está en su casa limpiándola y preparando la comida para cuando ella llegue de trabajar. Y yo le he dado cosas a veces y procuro ayudarla en lo que necesita dentro de mis propios límites, y ella jamás me ha pedido cosas. Nunca ha abusado.

¿Creo yo falsas expectativas ayudándola? Creo que no, porque es ella quien no se crea esas expectaivas ya que sabe bien dónde están los límites.

Portorosa dijo...

Lo que sí creo que es fácil es crear falsas expectativas sentimentales, afectivas.
Y en ese caso al que malinterpreta le resulta casi imposible darse cuenta de que se ha equivocado, porque la dependencia es enorme y le nubla el entendimiento (qué poético).

Besos.

Anónimo dijo...

A los canes de tal calaña, ni agua

puerto blázquez dijo...

El relato, precioso. El rumano, un abusón. Posiblemente inconsciente. Creo que ignorarlo va a ser dificil. Me gustaría saber si ganan tus helados o el cancerbero.
Saludos, Puerto

Laura Diaz dijo...

El mundo está lleno de personas así, y son esas personas las que nos hacen perder la fe. Pero si recuperamos la fe, puede aparecer otro, y así la historia sin fin...

Personalmente ando muy atenta a ese tipo de fulanos. En general me los saco de encima de primera. Aunque con mi actitud termine metiendo a todos en la misma bolsa.

Ah! Y por supuesto, muy buen relato!

Saludos

Sir Alsen Bert dijo...

Lo reconozco, para este tipo de personas soy más cabrón que ellos. Y en más de una ocasión han saltado chispas.

Miranda dijo...

Estoy un poquitin aventada.
La semana que viene espero poder reorganizarme.
Respective al asunto.
He ido otra vez, dejé al perro tonto (Iru) en el coche porque es un problema procedimental, el listo se quedó meonciando los coches y olisqueando mientras iba a por un par de cajas de Lambrusco.
Al salir vi que un barcazo tipo chinchorro que parecía que quería aparcar dentro y que estaba escarallándose, había desaparecido. En su lugar un pedazo de barco enorme de metal echaba chispas por sitios donde había tiúcos trabajando.
Mientras esperaba a Pipo (el listo) que venía del fondo de su periplo meoncio, estaba mirando el barcazo cuando zas!, compareció ello a mi derecha. Fué todo a la vez, aparecer, el hablar, el que se me soltó la bolsa del susto, y que el perro, que es muy listo, empezó a ladrarle con cara de odio.
Entre murmullos de disculpa por la fiera metí al perro en el coche, lo que hizo que el tonto se pusiera a gritar (sí, gritar)mientras el otro le iba enseñando los pocos piños que le quedan (que los ha ido dejando convenientemente en partes dispersas del tonto).
Qué chascazo!, y de nuevo la mirada, esa cosa mezcla de ira y de sorpresa impotente.

Estoy tan liada y tan cansada que no había pensado en ello, pero es que lo de que comparezca en mi oreja derecha ha sido ya la repus!.

A ver si mañana saco tiempo y lo reviso...
arf!

Miranda dijo...

Se me olvidaba, dejo foto del aparcamiento de la tienda, visto desde dentro. Se ve el barco que estaba antes, el que ya ha desaparecido. Era precioso salir de allí, parecía que había que cederle el paso al barco que tenía prisa por abarloarse...
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